Ana: «Sobre el amor y otras drogas»

Las redes sociales son el campo de batalla perfecto, una fiesta donde todos entran con banderas, espadas, escudos, y muchas opiniones que disparar. Estan los medicos de guerra y los predicadores, algunos desahuciados sedientos de atención, algunas almas que danzan con dolor y con algo que decir. Así apareció Ana en mi TL. Le pedí que me contara un poco más, sobre esa relación tortuosa donde fue abusada psicológicamente por su pareja, una situación que muchísimas personas pasarían por alto por sencillamente no entrometerse. Pues, Ana no es la única víctima y contarlo es parte de nuestro wake up. Les dejo su aporte a continuación:

“En Twitter se hizo moda colocarle como título “Red Flag” a cada cosa que debería hacernos sonar la alarma de la sensatez con respecto a las actitudes de una persona. Unas son graciosas y carecen de sentido, y otras son tan verdaderas que incluso duelen. La verdad duele, lo sabemos. Tanto la que nos dicen, como la que no logramos admitir con nosotros mismos, en silencio, solo con un pensamiento. Aquella alarma que sí suena, pero preferimos no escuchar

La primera en darse cuenta, fue mi mamá. Me vio cambiada, siempre fui el tipo de mujer decidida y con una personalidad fija. No solo con carácter fuerte, sino con chispa, a veces como una niña. Soy curiosa, escandalosa, me rio de todo, me gusta bailar, cantar a todo pulmón, brincar, correr, vivir. Me gusta vivir. Pasé de ser todo eso, a ser alguien más callada y más dócil. Con miedo a decir realmente lo que piensa, siente o cree. Yo no lo noté, pero ella (por supuesto), sí. La primera vez que me lo hizo saber fue diciéndome: “no entiendo por qué te castiga”. No entendí a qué se refería y me explicó: «si él sabe que lo que hace te lastima, y lo hace a propósito porque se molesta contigo para “enseñarte una lección”, entonces te castiga porque “te portaste mal”».

Ahí fue cuando comenzaron a encenderse mis alarmas. Y después de todo un año, admitir que lo que viví fue maltrato psicológico y verbal, costó mucho. Principalmente porque no podía creer que me hubiese pasado a mí. No podía entender, como alguien a quien había amado con todo lo que podía amarse, llegó a tratarme tan mal. Y aún más, no entendí como pude permitir que pasara. Todavía me cuesta perdonarme esa última parte

El caso es, que después de mucho pensar y reflexionar me di cuenta que el daño que hizo fue profundo pero no imposible de sanar. Así que decidí hablarlo en voz alta. Mi sorpresa: no era la única. Hemos sido tantas las que pasamos por una relación abusiva y que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta sino hasta que nos perdemos a nosotras mismas. Ciertamente, por esto pasamos hombres y mujeres, pero quiero brindar mis «Red Flags», las que me costó parte de mi misma lograr aprender. Las que viví, y no volveré a dejar que me vuelvan a suceder

  • Si te dice que si estás en su vida o no, no le importa.
  • Si te dice que debes cambiar.
  • Si te dice que no le preguntes nada sobre él o sobre su día.
  • Si te dice que no le desees cosas buenas porque no necesita tu lástima.
  • Si te dice que tus detalles no le gustan.
  • Si aplasta tu ego y tu autoestima.
  • Si tus sueños le dan igual.
  • Si hace menos tus logros.
  • Si la relación se rige según su estado de humor.
  • Si debes anular tus emociones porque las de él importan más.
  • Si al llamarlo, le estorbas.
  • Si se ríe de tus ideas.
  • Si no le importa si lo esperas.
  • Si controla tu manera de expresarte y sentir.
  • Si minimiza las cosas que te lastiman.
  • Si le cuesta acompañarte.
  • Si te dice que no son un equipo.
  • Si te dice que no eres un apoyo.
  • Si te repite que no eres la mujer de la que se enamoró, porque pasas por un mal momento.
  • Si te trata como si no fueras más que un compromiso.
  • Si las peleas resultan tan diarias, que estar bien se siente anormal.
  • Si duda de ti, pero tú no puedes dudar de él.
  • Si exige confianza ciega.
  • Si de manera despectiva y con ganas de herirte, te dice loca. Intensa. Ladilla. Fastidiosa. Bruta. Ignorante.
  • Si negativiza tus planes.
  • Si te dice que no le importa cómo te sientes.
  • Si te dice que le da igual si su actitud te duele.
  • Si te humilla.
  • Si te hace sentir inferior.
  • Si se burla de tu dolor.
  • Si te culpa de todo.
  • Si no reconoce sus errores.
  • Si no le importa romperte.
  • Si le da igual verte llorar a causa de él.
  • Si no es su prioridad el saber cómo estás.
  • Si te manipula.
  • Si te amenaza.
  • Si promete lastimarte aún más.
  • Si te hiere y te culpa por ello.
  • Si no te valora.
  • Si te dice que todo lo que sientes es absurdo.
  • Si te termina cada vez que se molesta.
  • Si te amenaza con desaparecer de tu vida.
  • Si no se comunica en lo absoluto.
  • Si no te respeta.
  • Si sientes que te quedas, porque en algún momento va a cambiar…

No cambiará. No contigo, por lo menos. Ya es un círculo vicioso. Ya no hay oportunidad de algo sano. Hay que aceptarlo, no te quieren. Y si te quieren, no lo hacen bien. Y así, ningún amor, mucho menos el propio, llega a sobrevivir.

Tenía una imagen con un mensaje que solía ver cada vez que esto pasaba y aun así no me fui, hasta que ya no hubo una parte de mí que pudiera lastimar. Todo mi ser estaba roto ya. Ya sentía miedo de su palabra, tal como lo sentiría del golpe de un puño. Ya no sabía ni quién era yo.

El mensaje era el siguiente: “Cuando alguien te trate como si no le importas, hazle caso”.

Sí, es difícil dejar ir una relación en la que realmente creías y querías que funcionara. En donde diste todo de ti, e incluso más, y él no lo vio, y no lo verá hasta que no te vayas. Y volverá a buscarte, y a prometer. “Esta vez será suficiente, créeme”. Por favor, no le creas.

Es más difícil y duele mucho más, la pérdida de ti misma.

Mi intención de colocarle ese título a este escrito sobre el abuso psicológico y verbal, es caer en cuenta de dos cosas: la primera, las drogas son malas. La segunda, si catalogo al amor como una droga, también el amor sería malo. Por lo tanto, no es amor. ¿A qué me refiero con esto? Sencillo: el estar enamorado resulta ser en su parte negativa, una adicción. Y en consecuencia, nada en exceso es bueno.

Por desgracia, notar esto cuando “morimos” de amor por alguien resulta dificilísimo. Lo digo, porque lo viví. La única manera de entregarnos a un amor y que no sea malo debido a su exceso, es que sea proporcional al amor que tenemos por nosotros mismos. Solo así logramos ver las señales a tiempo.”



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s