5 lecciones que me trajeron los 30

Cumplí años en julio, mis 31. Me dio por celebrarlos con una fiesta loca de ambiente tropical y piñas por todos lados. Realmente todo estuvo muy bueno, luego de dos años en EE.UU. puedo decir que mi vida social es variopinta y muy divertida. Me tomó todo un año finalmente aceptar que esto de estar en el tercer escalón es una divinura. Los 30 como las Piñas, pasan colados. Primera lección: siempre se puede ser feliz.

En la vida del inmigrante el “pasar la página” es nuestra cuesta empinada de todos los días. Un pie aquí y otro allá. Sin embargo, solo cuando realmente sueltas, puedes saber lo que significa. Libérate de la culpa, haz lo que puedas, ayuda desde el corazón. Pero no te martirices. Ayudar es valioso y está bien, pero no es obligatorio.

Crecer es una cosa y madurar otra. Crecemos cada año, o al menos tenemos más “supuesta” sabiduría… pero eso no quiere decir que tengamos necesariamente que ser “rectos y correctos” considero que parte de crecer es reconocer que somos imperfectos y que errar está bien. Otra sub revelación, la edad no significa madurez. En serio. No solo quiero justificar mis actitudes infantiles con esto, solo quiero dejar por escrito que entiendo cuando alguien de mi edad actúa como teenager. Prosigo.

Salir a tomarse algo es como un break up mental, mas, este tipo de terapias muy bien pueden ser sustituidas por unas 3 cervezas bien frías al llegar a casa y quitarte los tacones. Valorar un noche de sueño reparador llena el alma, no nos hace señores. Tampoco saca canas. Evitar el bullicio, el gentío, escándalo y actividades demasiado concurridas es responder a tus necesidades básicas de estar en paz contigo. No ceder a la sociedad, está bien. Que te consideren aburrido solo es cuestión de perspectiva.

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Redes sociales: envician, carcomen y envenenan. Bueno, exageré un poco. Sin embargo, un ayunito eventual de las redes cae muy bien para apreciar el aquí y el ahora por encima de las selfie, los likes y los debates sinsentido de Twitter. Si, reconocer un ambiente tóxico y evitarlo es parte de un camino de amor propio y madurez.

Bonus: mi hija tiene un suéter de Sailor Moon que me encanta y quiero para mi. Por encima de eso, respeto a quienes piensan diferente de mi, no intento humillar a nadie, me baño todos los días y evitó ser grosera. Y si, digo groserías cuando manejo #MuyMalaMia

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