Batita: “que tu cabello sea como un collar”

Yo de niña quería ser detective y astronauta, claro que la veta por averiguar y descubrir sigue intacta, pero digamos que no estoy precisamente en la NASA. Me gradué de Comunicación Social, y desde que tengo Internet en el celular este se ha vuelto una de mis mejores herramientas. Stalkeando -no recuerdo ya a quién- di con “Batita”, resulta que somos colegas y ella es super brillante, te contagia de buena vibra con cualquiera de sus proyectos . Ella está en Caracas y hace un pocotón de cosas increíbles. Quisiera algún día tomarme un café con ella. Mientras eso sucede, les compartiré algo muy valioso que descubrí en mi timeline. Beatriz Batita González por acá.

“Hoy conocí a una niña de doce años que, por motivos que no tiene sentido enunciar aquí, tuvo que raparse el pelo. Desde que lo hizo usa un gorro porque alguien (la sociedad, los niñitos insufribles del salón, alguna maestra hétero-normada y creyente del patriarcado y el Miss Venezuela) le hizo creer que NO ERA BONITA. Hoy hablé con ella, largo rato, en la sala de su casa en Carapita. Seguía con su gorro. Poco a poco sonreía. Le mostré fotos de mi pelo antes… de esa Batita que hacía radio y tenía una melena enorme.

Me dijo: parecías una modelo. La miré de nuevo, no sé que decían mis ojos (esos mismos que a los veintiocho años tienen un dejo de inseguridades) y reflexionó: sigues pareciendo una modelo, repitió. Me reí con esa cara de ponchada que me deja los rasgos como cuadros mal colgados y le dije: ¿sabes? Nunca quise ser una modelo, ni la más bonita del salón… Pero creí que había que intentarlo, de verdad… Y cambié mucho, por mucha gente. Y me hice daño pretendiendo ser quien no soy. Y sabes qué? Que al final no valió la pena, que quedé agotada, chiquitica.

Hoy, con este pelo que crece descontrolado, por el que mucha gente dejó de “considerarme bonita”, por el que incluso mis amigos más cercanos (un día sí y otro no) me hacen comentarios en ” joda” que no dejan de ser dolorosos. Incluso HOY, con este nudito en la garganta, porque quisiera hacerme una cola de caballo o una trenza, he aprendido a quererme más a mi, a lo que soy, a las neuronas de más y a los gramos de menos. A este carácter que se forja a punta de retos. Y eso es lo que quiero que sientas TÚ, que sepas que TÚ pelo es como un collar, una franela, una pintura de uñas… algo que NO te define, pero que es un complemento, que no puede ser jamás algo que mida lo que vales, lo que expresas.

Sonrió y se le hicieron dos hoyitos en los cachetes. Y yo miré sus ojos y quité la mirada un segundo porque me repetía a mí misma esa frase. Le prometí que cuando se quite el gorro vamos a ir a la peluquería juntas, solo por la diversión se poner a unas peluqueras a debatirse sobre nuestras micro-mechas”

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