Se me metió una Generación E en el ojo

Se habla de los milenials viejos, de los baby boomers, de la generación X y demás, pero nadie se refiere a los que deciden empacar el orgullo, título universitario, fotografías familiares, música criolla, e irse a aventurarse a tierras desconocidas como una generación que emprendió, que se esforzó, que tuvo esperanzas y que finalmente emigró. Se que algún día los libros de historia hablarán sobre nosotros. No en vano tengo la agenda llena de Kaká-Chile, Ale-España, Chema-Ecuador, José-Domicana, Jeham-Argentina. Pequeños grandes guerreros, nuestra generación es la generación E.

Vengo de una casa donde mis abuelos, mis tíos, mis papás, 3 perros, 4 gatos y algunos pájaros en el patio, desayunábamos huevo frito con arepa casi a diario. Me crié con mis primos como si fueran mis hermanos, me conocí todas las casas de la cuadra donde viví, todos los patios y todas las matas de mamón y mango. Jugué en la calle como si fuera el parque más divertido del mundo, así mismo, conocí los Atari, Nintendo y finalmente la computadora. Estrené ropa casi todas las navidades y aprendí a coser en la máquina de mi abuela. Mi infancia fue en extremo feliz, lo dicen cada una de mis cicatrices en las piernas y la ausencia de celular que llegó unos años más tarde.

Crecí en medio del teatro por mis abuelos, la música por mi papá y mi mamá, las fiestas y compartires de mis tíos, sin demasiados lujos, justo con lo necesario para sentirnos felices. No supe nunca de política, el término “golpe de estado” jamás tuvo sentido para mí. Igualmente, vi a mi familia celebrar cuando Chávez ganó la elecciones del ’99, gran parte de nuestros vecinos también lo celebraron, fanáticos emocionales. Me mudé en plena adolescencia, mi papa emigró para la misma época. Seguimos todos adelante, aprendiendo y resolviendo. Realmente todo se tornaba ligeramente diferente.

Pertenecí a un grupo scout e hice los mejores amigos del mundo mundial, logré mis máximos adelantos. Visitamos todo el país, creo que me faltó por conocer el estado Delta Amacuro, si acaso. Viajamos pidiendo cola, cocinamos en fogatas y dormimos donde nos daban alberga. Nunca faltó quien nos recibiera y despidiera con una taza de café. Estuve diez años en el movimiento, vi como las nuevas generaciones fueron creciendo, las niñas ya no eran niñas y los niños, pues podrían ser mis guardaespaldas. Vi como cada vez el sistema fue cercenando las actividades de este tipo para niños y jóvenes y sentí pena. Murió un joven scout, en medio de una actividad.

Estudié periodismo seis años, durante la carrera fui adquiriendo conocimientos y conciencia ciudadana. Entendí muchas cosas y sucesos de mi país, presencié la corrupción del poder, entendí lo jodidos que estábamos incluso antes del chavismo, estuve de acuerdo con algunas acciones históricas, con otras, bueno, yo lo hubiese hecho de otra manera. Pude trabar mientras estudié, a medio tiempo en la misma Universidad. Claro que viví mi juventud semi-responsable, a la playa los fines de semana, a casa de cualquiera que nos invitara a quedarnos, a eventos, a donde fuese. Sin demasiada precaución mas que “cuidado donde dejas tu trago, no vaya a ser que te echen algo” de mi mamá. Así mismo, me robaron el celular cuando lo dejé en un baño, me robaron el carro que dejé estacionado a las afueras de un centro comercial. Quizás me robaron otras cosas, quizás nada importante. Pero pa’ lante.

Vi como muchas promesas nunca se cumplieron, como jugaron con la buena voluntad de las masas menos favorecidas y más necesitadas. Viví que secuestraran a un familiar directo y velé la costilla fisurada de otro de ellos, a quien lo iban a robar y simplemente decidieron golpearlo hasta herirlo… eventos aleatorios consecuencia de una sociedad quebrantada y de valores distorsionados. Si, también presencié un arma grande y brillante, aunque no más impactante que los ojos de ese muchacho que en medio de la lluvia me arrebató mi dignidad, mirada que nunca se me olvida. Hace dos años sentí el agua muy en el cuello, y aun con una técnica de nado increíble, me mantuve a flote tratando siempre de nadar hasta la orilla. Temí por mi vida, temí por no tener que ofrecerle para desayunar a mi hija, temí por no saber si al ir a trabajar iba a poder regresar a casa. El temor, esa fuerza que te obliga a correr o pelear, se fue convirtiendo en pánico.

Me convertí en una especie de Will Smith en “Soy Leyenda” porque no me dio chinkungunya ni alguna enfermedad de turno, agradecí. Hice las colas que mi horario me permitió, participé en las manifestaciones que pude, retraté todas las actividades posibles anti gobierno que la adrenalina me empujó e igualmente, sorteé las que el miedo me frenó. Me aprendí los horarios de la luz y el agua, aprendí miles de recetas en microondas y tostiarepas para lidiar con la falta de gas, pasó casi a un tercer plano la estética y a un segundo mi propia salud, para concentrarme en sobrevivir. Emprendí, en medio de un terreno hostil donde la gente apenas tenía para comprar comida, me esforcé, me enervé cuando no obtuve respuestas después de tanto corazón que le puse a mis proyectos para producir y avanzar en mi país. Así, me convertí en un soldado más de la generación E.

Queridos míos, que con coraje y lágrimas de impotencia lograron “comprar el pasaje” les digo: algún día regresaremos, seremos quienes aportemos con orgullo los conocimientos adquiridos en otras tierras, seremos testigos de sistemas bien ejecutados, compartiremos las experiencias en sociedades que evolucionaron y se consolidaron, tendremos con qué aportar a la nuestra para preparar mejores ciudadanos, seremos quienes limpien el honor nacional, quienes den de qué hablar como ejemplo de perseverancia, nos convertiremos en dignos embajadores de la arepa y otras tradiciones nuestras. No sientan culpa, no abandonaron la lucha. Nos movimos en el tablero de ajedrez, intentamos otras jugadas, porque si, nos sentimos en jaque y tuvimos la suerte de hacer un movimiento más. No es fácil, y por eso les pido fuerza.  Estoy segura, que algún día alguien hablará de nosotros la Generación E como una pieza determinante del renacimiento de nuestra añorada patria Venezuela. Hasta entonces, sigamos en la lucha.

“Para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios”.

-Simón Bolívar

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