Mitos y realidades -para mi- sobre vivir en Dallas, Texas

Ya llevo ya un año en Dallas y algunas cosas me tomaron por sorpresa; aprendizajes a juro, otros con muchísimo gusto y otras realidades que tuve que vivir cara a cara para hablar con propiedad. Acá les dejo algunos de mis mitos y realidades sobre vivir en esta ciudad, traté de ser puntual y no extenderme con tantos detalles #MuyMalaMia. Espero que los disfruten.

-Te volverás adicta a la comida rápida: si y no. Solo si quieres ser parte de la masa que se deja arrastrar por los ritmos acelerados de trabajo, caerías en esto de bomba. Que no es más que parte del sistema mismo, es cierto, es práctico comer en la calle. Barato, no tanto, pero si se requiere de extrema fuerza de voluntad tener una alimentacion sana. De las cadenas de comida rápida, me siento vencida por KFC. Todo es gordo y delicioso. También Fud Rockers es otro nivel.

-La nieve es hermosa y el invierno adorable: si, los copos de nieve son adorables. Pero para una humana mortal como yo, que viene del trópico, quitarse los guantes y agarrar el teléfono para grabar la nevada, es la muerte de todas mis terminaciones nerviosas. O al menos la pérdida de sensibilidad en cada dedo. Del invierno me gusta la chimenea de casa y los marshmallows asados.

-Vas a EE.UU. y te consumirá el capitalismo salvaje: traduzco esto como “el placer de comprar lo que quieras y no necesites, cada vez que quieras” y claro que es posible! Si no tienes dinero, tienes tarjetas de crédito, o pides un préstamo. El sistema te obliga –casi siempre- a que consumas, cuanto más, mejor. Existe un calendario anual y apenas cambia la temporada, rematan todo. Pasan todo el año ofreciéndote mercancía en CLEARANCE. El Viejo truco está en: compra fuera de temporada y lo usas el año siguiente.

-Los chocolates son lo máximo: soy una dulcera y chocoadicta, reconozco que amo el Hersheys y los Twix. Sin embargo, muchos chocolates criollos –de Venezuela- los considero muy por encima de estas opciones americanas. No me mata la Nuttela, puede durarnos un frasco en casa hasta meses. Es un mito, tienen chocolates buenos pero no son los mejores.

-“Desayunarás donuts amén”: llevo un año probando donas aquí y allá –al menos de unas 5 cadenas-, solo las tradicionales de Kryspy Kreme me generan adicción. Una adicción que hasta ahora es controlable. Es super normal desayunarse una de estas con café negro –tipo americano- es como comer empanadas, de hecho para los niños en los daycare un dia a la semana les dan donuts para comer. Si, es bastante azúcar. Y vienen por docena, para las oficinas es ideal. Y horrible al mismo tiempo.

-Los americanos son tímidos y no saben bailar: el americano conservador no es muy conversador a la primera, aún más, cuando tus facciones son notablemente hispanas. Para mi sorpresa cada ves que notaron mi acento me preguntaron de donde era y sacaron conversación. Al menos en su gran mayoría. Hacen un esfuerzo por llevar el ritmo, toman clases y eso es loable. Pero si, no se les da nato eso de la bailadera, es algo que aprenden.

-No existen los piropos: verdad verdadera. Del año que llevo aquí, he recibido 3 piropos cuando mucho. Claro que me llama la atención, vengo de un país donde la mujer es piropeada desde que uno sale de su casa hasta que regresa. Aquí mencionarle a alguien algo sobre su físico puede ser una ofensa o acoso, aun cuando solo te den los buenos dias. Los afroamericanos son los mas dados y una que otra ves, suelen hacer cumplidos, siempre muy decentes. Uno extraña al baboso colector que te daba los “Buenos dias mi reinaaaa lindaaa”.

-Todo funciona a la perfección, los empleados públicos son lo máximo: no. Las oficinas públicas son igualmente un fastidio y muchas veces las personas que allí trabajan no te ofrecen un servicio amable, se muestran obstinados y poco condescendientes. Pocas veces hacen “la excepción” y claro uno viene acostumbrado al gestor, al amigo de un amigo, al pana que me cobra barato, esta parte es un choque cultural. Uno se adapta a que las cosas funcionen como deban ser, pero cuesta.

-No te comerás los semáforos y respetarás el rayado peatonal: totalmente cierto. Casi que te vuelves un patrullero escolar, ser parte de quienes cumplen la ley es algo que se contagia y te hace sentir orgulloso. Más aún, entiendes los peligros del conductor imprudente. En serio, SI se puede cumplir las leyes de tránsito.

-Las motos no dan miedo: en mi país solía  ponerme pálida cuando una moto se acercaba a donde yo estuviese, era motivo para pensar “ya me robaron”; estando acá, las motos volvieron a ser un vehículo para movilizarse. Como debe ser.

-Si no tienes carro, te vas en bus: eso si no existe. Es decir, las distancias son realmente grandes entre la casa y el trabajo, si quieres ir a comprar par de cosas para la cena realmente debes usar el carro. Podrías caminar, pero hay zonas donde no hay caminerías y llegarías a casa que si a las dos horas. Por lo que, la ciudad está dada para el conductor y no para el transeúnte.

-Los americanos son super lights y no le prestan atención a cómo te vistes: true. Y esto es super genial, literalmente puedes ir a hacer mercado en pijamas y nadie te mirará extraño. Si, suelen ser relajados con la vestimenta y lo fomentan desde niños, dan la oportunidad de varias opciones de uniformes para el colegio por ejemplo. Esa parte de la personalidad la respetan bastante.

-Los Tejanos son como los llaneros: en Texas hay una variedad inmensa de culturas. El nativo no siempre tiene una granja con animales, ni va al rodeo. Pero siempre tienen una bandera de la estrella solitaria en sus casas, usan botas –que las amo- y sombreros algunas veces como parte de su indumentaria clásica. No a todos les gusta la música country, pero al que le gusta la defiende a capa y espada.

-Los latinos siempre te tienden la mano: si y no. Pasa que cuando eres inmigrante velas por tí mismo, entonces el que ayuda es porque le nace del corazón, independientemente de donde vengas. Mi familia ha recibido ayuda de mexicanos, puertorriquenos, cubanos, americanos y demás. Y no necesariamente por ser de Venezuela, sino porque han sido generosos y han visto en nosotros buena voluntad.

-Jamás te estafarán: no. Hay que ser igual de cuidadoso y perpicaz. Me pasó que compré un celular usado por Facebook –una opción con vendedores locales- entregué el dinero y aún sin encender el celular confíe en la persona. Terminé adquiriendo un equipo que no era de la capacidad que decía en el anuncio. No tuve como resarcirlo, me tocó vender el equipo nuevamente y a menor precio.

-Hablar inglés con acento: te obligas a pronunciar bien y escuchar detenidamente. Esto más que un mito o realidad se convierte en tu dia a dia, los asiáticos y los provenientes de La India han sido los más confusos para mi, les cuesta la pronunciación de algunos sonidos al igual que los hispanos. El americano por lo general, te entiende y se hace entender cuando no le estás captando. La gran mayoría tienen paciencia. Hay otros que en definitiva no la tienen.

-No está bien referirte a las personas de “gringos”, “negros” o “gordos”, sencillamente señalar a las personas por sus rasgos físicos, contextura u origen no está bien. Esa ha sido una labor titánica en casa, enseñar con el ejemplo que las diferencias entre las personas no deben ser señaladas, a menos que el caso lo amerite. Si te preguntan, describe a la persona. Si no, es mejor obviar hasta su género.

– Por último: nada es gratis. Te ofrecen un tutorial por equis cosa, pagas al segundo mes. Te llaman al celular reiteradas veces de parte del “gobierno americano” para ofrecerte “free money”: WTF, cuelga. Te dan cupones de descuento hasta del 100%, cuando revisas el cupón dice en letricas chiquititas que debes suscribirte por $50 a una red etcétera, entonces no. Nada es gratis, siempre querrán algo de ti.

 

 

 

3 comentarios en “Mitos y realidades -para mi- sobre vivir en Dallas, Texas

  1. Yo llevo casi 9 años, soy de Valencia y concuerdo con mucho de lo que dices. Me hizo reir la parte de los piropos. Tienes razón al 1000%, y yo también extraños esos piropos venezolanos que escuchas desde que sales de tu casa hasta que regresas. En cuanto al frio, los dos primeros años es duro, pero con el tiempo me adapté y hasta me gusta el frío. Poco a poco iras descubriendo cosas de Dallas. Me gusta esta ciudad. Suerte y estamos en contacto

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