Yrelis: “Afrontar los retos de la maternidad y la migración al mismo tiempo”

“La única constante son los cambios” cita de Heráclito que me encanta, deja vulnerable a cualquiera que tiene algún plan mediano o bien estructurado. Ser mamá sucede cuando ha de suceder,  pero cuando se juntan la “gimnasia y la magnesia” se convierten en una jornada doble turno. Conocí a Yrelis Griman mientras hacíamos el curso de Locución de la UCV y desde allí nos hemos seguido la pista. Hoy día se dedica a la maravillosa labor de ser mamá y vloger… siendo inmigrante… y sin abuelas. Para mí, una hermosa guerrera digna de las Amazonas. Por acá les dejo algunas de sus líneas como Una Mommy Primeriza

“Antes de ser mamá no tenía idea de lo que la maternidad significaba, ni siquiera sabía cambiar un pañal, eso de ¨tener sangre para los niños¨ no aplicaba para mí, más bien los espantaba, me dejabas un bebé y seguro iba a llorar todo el día. Pero la vida es un constante cambio, los retos llegan sin ser planificados y te ponen a prueba en un abrir y cerrar de ojos.

Era mayo de 2016 cuando noté que tenía un retraso, algo dentro de mí me decía que estaba embarazada pero yo me hacia la vista gorda, y es que apenas hacía 5 meses que había emigrado de Venezuela a Miami, un bebé tan pronto y cuando no habíamos logrado una estabilidad, no era precisamente lo que teníamos en mente.

Me tomó unos cuantos días asimilar la noticia, había en mí una mezcla de felicidad e inseguridad, pensaba en cuanto me iba a cambiar la vida, en cómo haría si estábamos recién llegados a nueva ciudad donde no conocíamos a prácticamente nadie y no teníamos familia, quién me ayudaría? Podría mi madre estar conmigo en ese momento? Preguntas iban y venían cada día.

Luego todo comenzó a fluir. Está en nuestra naturaleza ser madres, qué tan mal lo podía hacer? si era algo con lo que siempre soñaba… Comencé a leer, seguir cuentas en redes sociales de madres, hacer preguntas a amigas, en fin, comencé a relajarme y dejarme llevar por ese estado tan mágico que es el embarazo.

Confieso que si algo me daba temor en este país, es el sistema de salud, enfrentarme a un método completamente distinto al de Venezuela no es fácil; aquí los médicos no son tan cercanos a ti, no te dan su número para que los llames de madrugada porque te dieron más náuseas de las comunes, todo es más frío y distante.

Recuerdo que en la primera consulta pasaron unas 6 horas para que al final me atendieran en menos de 15 minutos, y así las siguientes tres consultas, con un especialista diferente en cada oportunidad, no aguanté por supuesto, no pasaría 8 meses más así. Me hice amiga de “la prima de fulanita” que había dado a luz aquí y así investigué de otro lugar donde tuviera al menos el mismo doctor y que se adaptara al presupuesto de un grupo emigrante.

Me ha tocado formar una familia lejos de la mía, afrontar los retos de la maternidad y la migración al mismo tiempo, cada día preguntándome si lo estoy haciendo bien, y respondiéndome a mí misma que SI, que lo estoy haciendo de maravilla. Es que si no nos echamos porras nosotras mismas no podemos esperar que venga alguien más a hacerlo.

No sabemos de qué somos capaces hasta que se nos presentan los retos, por eso yo amo que la vida me despeine y dé giros inesperados”

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