Juan: Moana para criar a las NO princesas (alerta de spoilers)

Agradecida con todas las personas que se han involucrado conmigo y mi #MuyMalaMia, siento que esto no es más que el alter de muchos de nosotros plasmado en estas líneas. Cuento hoy con una colaboración especial, este es un papa en crecimiento (como todos los que lo aprendemos de forma empírica, como debe ser) de una hermosa enanita de un ano, se trata de mi amigo Juan Matute. He aquí una de sus aventuras criando, no, él no le hizo el favor a la madre de quedarse con los hijos, él está ejerciendo su labor de padre. Gracias miles Juan. A continuación, como criar a una “princesa”.

Tenía tiempo sin escribir #MuyMalaMia en parte porque estoy full de trabajo, pero sobre todo porque desde hace 19 meses vivo la loca aventura de ser un imperfecto esposo en formación (llevo años en esto y capaz llegue a viejo y seguiré aprendiendo) a la vez que padre de una bebita hermosa que demanda tiempo y dedicación.  Pero hoy es primero de mayo, no trabajo y ella está emocionada jugando en su cuarto (literalmente me corrió), mientras su mamá descansa un poco así que voy a aprovechar de escribir y documentar algunas cosas que vivo criando a mi “Princesa”.

El pasado fin de semana su mamá estuvo en un curso sábado y domingo por lo que nos salió un par de días de padre e hija, nos pasaron varias cosas interesantes, pero relataré lo que aprendí con una en particular: Vimos Moana repetidas veces.

Antonella (así se llama mi bebita) tiene una afinidad inmensa por la música, y también por la animación para niños. Si consigue ambas cosas al mismo tiempo queda fascinada y puede querer ver lo mismo en loops infinitos, cuando vio Moana por primera vez quedó enganchada y la pide cada vez que se le antoja. Este fin de semana la vimos hasta el cansancio (ya se me las canciones) y me dio la oportunidad de verla con otros ojos.

Me di cuenta es que, aunque en teoría Moana es una “Princesa de Disney” en realidad es todo lo contrario, es más se autodefine como “No Princesa”. Termina siendo un personaje que encaja perfectamente en el modelo clásico del monomito descrito por Campbell, en otras palabras, Moana es un Héroe (Heroína para ser exactos) a carta cabal, al nivel de Aquiles, Hércules, o siendo más actuales Percy Jackson, Luke Skywalker, Harry Potter o Capitán América, lo cual es fantástico pues resulta que tenemos un fuerte personaje femenino que sirva de modelo de rol para las niñas, si queremos criar niñas independientes y decididas claro está.

Campbell sostiene que las historias épicas en todas las culturas son en realidad una sola historia con infinitas variantes que responden siempre a una misma estructura y que sirven como método de formación inconsciente para la realización personal (hasta aquí con la visión de Campbell). Pero resulta que la mayoría de estas historias están protagonizadas por y dirigidas a hombres, cosa que afortunadamente no ocurre con Moana, esta historia es protagonizada por una mujer y los valores que transmite son universales, por lo que la aventura de nuestra heroína es un excelente vehículo para enseñar a nuestros hijos (de aquí en adelante viene una andanada de spoilers, #MuyMalaMia).

Resulta que nuestra “No Princesa” es la hija del jefe de una isla de la Polinesia, que desde pequeña recibe el llamado del océano para buscar al semidiós Maui y ayudarlo a salvar el mundo, pero consigue la resistencia de su padre a cumplir su destino sobrenatural pues se espera que cumpla el papel que la sociedad en que vive le ha impuesto y cuando nuestra protagonista casi está resuelta a cumplir su rol social pre asignado su abuela hace de mentor (tal como Gandalf con Frodo, o Morfeo con Neo,…) y la impulsa a cruzar el umbral que separa su mundo cotidiano de la aventura que la espera.

Luego de esto empieza el periplo, consigue a Maui (un semidiós oceánico con atributos similares al Heracles griego, y con el que Disney aprovecha de hacer guiños a su película animada Hércules), lo convence de ser su aliado, enfrenta peligros tan variados como unos enemigos que recuerdan a Mad Max Furia en el Camino (2015), monstruos que custodian tesoros (como cualquier dragón épico), pero sobre todo debe  escuchar su voz interior, enfrentar al sentimiento de derrota y superarlo para entonces enfrentar su última prueba y salvar el mundo.

Al final nuestra Heroína transmutada en la mejor versión de sí misma, vuelve a su isla originaria, transformado su sociedad en forma positiva y ayudándolos a reencontrar su identidad, cerrando así el camino del Héroe y sirviendo de modelo de crecimiento personal para niños, niñas y adultos.

Además, puedo decir que visualmente es cautivante, posee un ritmo entretenido y una musicalización muy atractiva, así que recomiendo ampliamente la vean alguna vez (o repetidas veces como ha sido mi caso de forma involuntaria) y aprovecho de contarles que tiene una escena post créditos muy interesante. Por cierto, ahora mi bebita es mi “No Princesa”. Nos leemos luego.

Juan E.”

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