La tarde que conocí a Donna

Terminé de trabajar ese dia súper lluvioso y exhausta fui a BaStarduck’s por un café caliente. Me senté y abri El Lobo Estepario una vez mas, el pasaje más corto que leí. Al cabo de unos minutos, un “I love your purse” puso una sonrisa en mi cara. Allí apareció Donna. Tres preguntas clave: Did you make it? Did you finish the high school? What happen with Venezuela? Esa última detonó -hasta ese momento- mi tímido inglés. Donna se sentó en mi mesa.

En medio de la multiculturalidad de Dallas Texas, es poco común que algun americano se acerque a tu mesa para preguntarte sobre tu origen e historia, pero así paso. Empezamos a hablar de lo mas ameno, a mi me encanta conversar y la oportunidad para practicar el inglés estaba alli. Le dije que ya casi tenia un año en USA, que estaba trabajando y que me sentía segura. Realmente la palabra “feliz” nunca la pronuncié, curioso, tampoco la pensé. Por alguna razón ella asumió que yo apenas empezaba los 20, eso fue adorable.

Me hubiese encantado ofrecerle a la mujer un café marron de panadería de mi tierra, para contarle un poco mi historia.  Llegué en Agosto de 2016 con mi pareja y mi hija, a empezar de cero como cualquier inmigrante, huyendo de la inseguridad y la zozobra que significa vivir en Venezuela. Buscamos refugio en tierras lejanas, para despertar sin el miedo de recibir una bala en la frente, acto que quedaría como todos los demás, impune. Corrimos con suerte, a nosotros apenas nos dejaron sin celular par de veces, con rabia e impotencia y con vida… con vida?

Vivir se convirtió tristemente en sobrevivir; hacer magia para estirar el sueldo que estábamos ganando al cabo de dos y hasta tres trabajos a la vez. Nos trajimos el cansancio de “negociar” aquí y allá bultos de comida o artículos de higiene personal. Apenas en nuestras maletas tomamos algunas cosas muy personales y algo de ropa para el invierno, la primera temporada que nos tocaría. Llegamos agotados de la impunidad, del oscuro callejón sin salida, del miedo a no saber cuando acabaría esta terrible pesadilla.

Habrían sido par de años especialmente rudos con el bun de las manifestaciones en el 2014, donde armamos nuestras guarimbas y participamos en -cuidado si no todas- las manifestaciones en Valencia. Ya habíamos sobrevivido al paro petrolero, ya habría muerto Hugo y estarían inhabilitando a unos cuantos de la oposicion. Ya hube trabajado en Notitarde, hasta que cambió su línea. Ya habría conocido frente a frente la censura de los medios y habría aprendido -o no- a lidiar con ella. Para ese entonces, estaríamos con los últimos dias de la enfermedad de mi abuela, ese darle “calidad de vida” se nos conviritió en un circo, con muchas maromas y sketchs baratos. Triste. Nos caímos muchas veces, pero cada lunes nos levantamos temprano dispuestos a trabajar.

La esperanza siempre ha estado en nuestros bolsillos, especialmente en el cierre interno del porta pasaporte. Que dolor abandonar las calles donde crecí, el apartamento donde me independicé, mi trabajo soñado, mi perro, mis amigos y mi familia. Nos armamos de valor para dar un paso gigante, casi al vacio. A lo desconocido. Como cuando te lanzas al mar abierto por primera vez -entre aquí un suspiro gigante, acompañado de un recuerdo de Chuao- solo la adrenalina te hace saltar.

Pude hablar fluído con Donna unos cuantos minutos; nunca hice énfasis en los asesinatos a diario, la toma arbitraria de poderes, la parcialidad de nuestras FAN, el perfil dictatorial del ahora madurismo, ni sobre el tema salud. Ella estaba clara respecto a “so, they give you exactly what to eat”, a lo que yo agregé: “and when”. Me preguntó sobre la economía, y bueno, me quedé sin adjetivos. Era -es- casi irracional explicar como un país petrolero, con recursos minerales, perfil turístico, tiene la economía que tiene. Corrupción, pensé. Su cara fue de: WTF! Aunque nunca lo dijo.

Donna me entregó una tarjeta con una dirección para tomar clases de inglés para inmigrantes. Me dijo que me consideraba una persona valiente. También me dijo: go girl, go. Eso lo recibí con cariño. Me quedé con tantas cosas por decirle. Ella hubo resaltado la buena relación entre nuestros países. Sonrió y estrechó mi mano, repitió su nombre y el mío y se fue. Donna tomó la paleta de madera para removerme, me espabiló con más cafeína que mi propio café. Gracias Donna.

 

 

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