De periodista a “Housecleaning”

Conversaba con mi papá en una de esas, camino al algún lado. Y salió a relucir la pregunta de las preguntas… esa que ya yo había evadido muchas veces responderme a mí misma: ¿qué tal después de ser periodista, ahora estar limpiando casas?” Mi sistema de defensa sacó el pecho por mí; ni corto ni perezozo, optimista, positivista, hippie and chill, más que un sistema, terminó por respaldarme en mi momento de vulnerabilidad. Pensé algunos micro segundos: “bueno, después de todo, esto es solo un trabajo.” respondí sin titubear.

Solo respondí por salir del paso, y elaboré un argumento fugaz donde le expliqué maduramente a mi papá lo feliz que estaba de dedicarme a limpiar. Bullshit. Lo hice solo para seguir con el día, que apenas comenzaba, no quería quedarme estancada en tal pensamiento,  demasiado de esto me llevaría a alborotar a algunos de mis demonios. The thing is, sales de tu pais, sabes que quieres mejores oportunidades, conoces tus habilidades, ambicionas sobre lo que quieres hacer y hasta donde quieres llegar, entonces llegas al nuevo pais y empieza la real aventura: empezar de cero.

Los primeros dias la idea de estar limpiando era básica, limpio 6 horas, me pagan, gasto en lo estrictamente necesario y el resto lo ahorro. Pasa que con el limpiar de los dias (actividad que por cierto me relaja a sobre manera), la mortalidad del cangrejo se quedaba corta. Si, es terrible comparar estar en la cúspide de tu carrera profesional con empezar en lo básico de la escalera laboral: la mano obrera.

La idea se fue tornando robusta, “ahora limpio casas”. Pensé tanto en Carmen, la señora Marbe y en Aleida, mujeres que en algún momento observé realizar las tareas domésticas en casas que no eran de ellas para poder llevar algo de dinero a sus hogares, ahora comprendo tantas cosas. Recuerdo que a cada una de ellas las recibí con los buenos días y una buena taza de cafe recién colado #MuyMalaMia. En otras ocasiones, les pedí que prescindieran algunas tareas para yo encargarme. Mis respetos a todas las personas que con esfuerzo físico se dedican dias enteros a limpiar y ordenar, el desastre de otros.

“Dime como es tu casa, y te diré quien eres”, otra de las premisas que nacieron en el andar. Casas hermosas, majestuosas, grandes y pequeñas. Chimenas en los baños y hasta tres “livingroom”. Algunas con mesas de pool, otras con tanta comida chatarra que ocupaba una despensa entera. Por cierto, donde va la lavadora y secadora se llama “laundry” y casi siempre está cerca de la cocina. Anyway, la belleza arquitectónica de una casa se deteriora por el calor que se le de a esta; si es mucho ajetreo, el desorden ahoga, si se es poco consecuente, la pulcritud y poco uso la enfrían.

Es triste que muchas de esas piscinas no hayan sido usadas desde hace meses, y yo pensando que con mis sobrinos y los hijos de mis amigos (que esos si son bastantes) el agua se la pasaría felizmente amarilla, and you know what i mean. En otro extremo, la señora que compró tanto en Amazon que su gato ya no se veía entre las cajas, la basura era tanta que no conseguía las llaves, que su nieto sacaba una escoba y pala miniaturas para colaborar con la limpieza, mientras ella jugaba en la pc. Si, hay personas que odian limpiar, pero siempre he dicho que la casa de uno es el nido-refugio-cueva.

Múltiples perfiles se me ocurrieron, historias de asesinatos, vacaciones fortuitas, y aunque realmente nunca vi fantasmas si me imaginé muchos. Bastante cansancio físico y otras veces frustración, ya a la quinta poceta. Miré a los lados y la consistencia de mis compañeras, también cansadas, me llevaron a algo: la dignidad del trabajo. Si, todo trabajo es digno. Levantarse a las 5 de la mañana, manejar 45 minutos hasta la oficina, trabajar unas 6 a 7 horas diarias por sueldo mínimo, es realmente loable. Muchas de las mujeres que se dedican a ello, fueron profesionales en otras áreas, unas están en un limbo legal y no tienen muchas opciones, a otras se les da lo de la limpieza y lo disfrutan. Hubo personas que escogieron limpiar, y eso está bien.

  1. Al final del día no me sentí mejor que ellas por tener unos años previos ejerciendo mi profesión (la cual amo y re ejerceré en algún momento), tampoco me sentí peor que nadie que hubiese estudiado y tuviese orgullosamente su titulo bajo el brazo, alguno que otro colega que estrenara sus producciones o celebrara algún ascenso. Me sentí humana, cansada, orgullosa, fuerte, un poco melancólica si, también pude respirar hondo y levantar la mirada, pude sonreír y sentirme libre de muchos, muchos prejuicios.

 

 

 

 

 

 

 

 

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