Gabriela: manual de supervivencia

Como una hermosa y causal coincidencia di con Gabriela Ríos, compañera de gremio y de unas cuantas actividades sociales. Ejerce la locucion y tiene un poder en su pluma incalculable (aunque todavía no se lo crea). Sin más que acotar, disfruten de este, su manual.

Hace 20 años perdí mi primer diente y aún recuerdo el sabor metálico de la sangre en mi boca cuando corrí al baño de casa de mi abuela a escupirla con horror mientras sostenía el pequeño y pobresito diente, sin vida, en mis manos. Por suerte, tal episodio digno de un film de terror gótico, pasó. Ese pequeño instante se curó con un poco de sal y tomando muchísimo (muchísimo) aire, estaba en los brazos de mi abuela, a salvo.

Hace 20 años amaba los animales y mi único sueño era trabajar con ellos. Recuerdo fantasear y mi imaginación solía ser un comercial de Kreisel (con todo y la musiquita) lleno de estetoscopios, jeringas de la felicidad y muchos peludos saltando de alegría porque su heroína estaba ahí para jugar con ellos y calmar sus males. Quería ser veterinaria.

Hace 20 años me acurrucaba con mamá por las noches cuando sentía miedo por la oscuridad. Hoy me sigue aterrando pero ya me compré una lámpara de noche.

Hace 20 años me sentía invencible tras el gran porte de papá. Hoy día todavía, a quién engaño, es un moreno que mide 1.85.

Hace 20 años comía dulces para contrarrestar la tristeza y salía a jugar al escondite después de la merienda. Hoy como dulces, como la merienda, como la cena, el almuerzo, el desayuno y lo que se me atraviese.

El punto es que entre la rutina de una niña pequeña, olvidé esa horrible mañana del diente caído. Ignorando que se avecinaban eventos aún mas aterradores.

De pequeña tomé tres clases de natación y un empujón a la piscina olímpica fue lo necesario para abandonar esas clases para siempre. Hoy día me tapo la nariz al lanzarme a la piscina y sé flotar sólo boca abajo.

Tomé también dos clases de ballet, en la primera ya sabía que no era lo mío, la segunda asistí porque ya estaba paga. Hoy bailo salsa (y merengue) como quien ha tomado clases desde la gestación #MuyMalaMía. También amo el Rock N Roll, pero conjugado con lo anterior, soy (muchas veces) un asterisco entre un mar de puntos y lo disfruto a ¡SOBREMANERA!

De pequeña hablaba hasta por los codos y algunos dirán “¡que tierna!” pero lo cierto es que ponerme un tapón en la boca era el deseo culposo de mis tías, y mi abuela. A los 14 desarrollé una voz muy grave, tan grave que cuando abría la boca, espantaba a la visita con mi voz de Ramón el del camión. Eso me hizo hablar menos para suerte de los aturdidos, años después conocí la radio. Ramón volvió pero ahora en frecuencia modulada (FM).

Crecí y conocí la vergonzosa pubertad, la ruptura de amistades y la cero agraciada ortodoncia. Que aún hoy conservo y sí, sigue viéndose horrible.

Me escapé de casa. Volví. Y me volví a escapar. Conté los días para cumplir 15 años y maquillarme por primera vez, me maquillé como payaso y estaba orgullosa.

Ya no fue el diente caído, fue mi primer período. Ya no me acurruqué con mamá por temor a la oscuridad, ya me acurruqué entre lágrimas tras la ruptura del primer amor.

A mí nadie me habló del acné. Y miren que sé de eso. Tampoco me hablaron de lo que sucedía después de ligar ron con tequila. De esa historia aprendí, al día siguiente.

Y a lo que quiero llegar es precisamente a eso: A mi me lo dijeron, pero no me lo dijeron todo.

Ciertamente a nadie se le enseña cómo vivir, se va aprendiendo en el camino. Y ni crean que les hablaré de cómo porque ya no tiene caso, los que estamos aquí, llegamos un poco choretos, pero llegamos. Por lo cual, de lo que sí me gustaría hablar es del fino arte de improvisar, que vendría siendo lo que sigue. Pero eso sí, como de improvisación se trata, cada quien le pone su estilo. Yo opté por la simplicidad y por el reconocimiento del hoy.

A mí nadie me enseño cómo vivir. Y ni crean que les hablaré de cómo porque ya no tiene caso, los que estamos aquí, llegamos un poco choretos, pero llegamos. Por lo cual, de lo que sí me gustaría hablar es del fino arte de improvisar, que vendría siendo lo que sigue. Pero eso sí, como de improvisación se trata, cada quien le pone su estilo. Yo opté por la simplicidad y por el reconocimiento del hoy.

Soñé con llegar a los 20’s, finalmente llegaron y entré en el 3 y 2… “Ya no son 19 y de aquí a los 30’s es un saltico e’ rana.” Comencé a sentir que el futuro se abalanzaba encima y el indetenible proceso de transición… “Sigo siendo joven, pero ya debería dejar de ser estúpida.”

Por suerte, la estupidez es completamente tratable (aunque existen sus excepciones).

Sin ánimos de perder el hilo, me concentraré en el hoy. Y es simple por que entendí. Entendí que mis papás no querían arruinarme la vida hace 4 años atrás. Comprendí que apresurarse no sirve de nada, por lo cual, hoy voy más despacio. Saboreo más despacio esos tequeños con salsa tártara, observo mi ciudad con detenimiento mientras camino lento. Miento, no tan lento para que Brayan, que quiere mi teléfono, no pueda alcanzarme.

Entendí que sí entregaron manuales, llegué tarde. Por lo cual me ideé un plan y ese plan consiste en la simplicidad, en ser feliz con lo poco, en apreciar los atardeceres y el calor del sol. Sentir la lluvia en el rostro y saber que si hago eso más de dos días seguidos me va a agarrar una bronquitis. Consiste también en sonreírle a la señora que vende periódicos en el kiosko. Escuchar la historia del cubano que trabaja en el servicio técnico.

Reconocer virtudes y defectos, por ejemplo, en mi caso, abrazar mi escaso talento y reconocer que aunque ame cantar, con mi ducha de testigo es suficiente. También reconocer que no nací con el cuerpo de miss y no me verán jamás en la Quinta Miss Venezuela pero que en instagram siempre podremos presumir… Después de 45 fotos, 35 poses, 20 borradas, 25 que pueden gustarte, verlas bien, borrar 24, quedarte con una que no es que te convence demasiado pero con unos filtricos, queda.

Comprender que hasta Sascha Fitness tiene celulitis y eso la convierte en amiga y no enemiga. En resumidas cuentas, entender que sólo podremos proyectar grandes cosas mientras comencemos aceptándonos desde el interior, porque quien exterioriza seguridad en sí mismo, se consigue capaz y la pasión se convierte en el mayor motor y el más grande empuje, pero tal fuerza debe venir de adentro.

Y pese a los errores o a las caídas -como dijo una vez el Argentino Pablo Krantz- nadie podrá quitarnos jamás la capacidad de reinventarnos. De comenzar de cero, de volverlo a intentar. Y es que sí algo entendí a los 20’s, es que el futuro no se escribe, es impredecible; por lo cual la clave radica en concentrarse en el hoy.

Que nos encontramos en constante movimiento (¡POR FORTUNA!) pero que no hay nada mejor que comenzar de cero, probándonos a nosotros mismos que existen las ganas, la determinación, la motivación y el objeto para lograr lo propuesto, cayendo 5 veces y levantándonos 10, a nuestro tiempo y a nuestro ritmo.

No sé vivir, estoy improvisando.

Hace 20 años perdí mi primer diente y hoy no soy lo que de pequeña soñé. Soy mejor, porque jamás existirá mejor momento que aquí y ahora.

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