Athina: Las Vegas, estado Aragua

Mi querida “Copito” y compañera de gremio Athina Lohmann arribó finalmente a su mayoría de edad (yo pensaba que hace rato ya loshabía  cumplido, anyway) y está por lanzarse con su blog personal sobre libros y más libros, cosa que me tiene súper emocionada. Me robé unas de sus lineas para mi blog y trajo consigo esta experiencia que solo a ella pudo pasarle. Para conocer más de esta blogger haz clic aquí. Ahora si, con ustedes Athina Lohmann.
Desde que tengo uso de razón (y mi mamá me lo ha confirmado), he querido ir a Las Vegas cuando cumpliera mis 21 años. No recuerdo muy bien por qué decidí Las Vegas, o bueno, por los casinos quizás y porque ya sería legal allá; pero exactamente el porqué de mi fascinación por Las Vegas y los casinos, no la tengo muy exacta. Toda la saga de películas Ocean’s pueden confirmar lo geniales que son los casinos, eso importa.
Cumplí 21 años y la idea de ir a Las Vegas seguía muy lejos. Sobretodo en un país como Venezuela, pero ese es otro tema que no vamos a tocar.
Dos o tres días después de mi cumpleaños, me “lancé” una aventura casi tan loca como irme a Las Vegas sola (tomando en cuenta que todavía tengo que agarrarle la mano a alguien para cruzar la calle), me fui a Maracay. Específicamente, al juego comodín de los Tigres de Aragua vs. Tiburones de la Guaira. Sin ticket de entrada, sin tener claro dónde o cómo iba a pasar la noche, o si me regresaría a Valencia; y sin conocer la ciudad más que la Av. Constitución por donde pasa la ruta de la universidad y la Av. Concepción, donde está el estadio.
Así que hice mis averiguaciones y le pregunté a varias personas cómo llegar desde la Av. Constitución hasta la Av. Concepción. Tenía que bajarme en la Av. Ayacucho (decirle al chofer que me avisara dónde era para quedarme allí) y caminar unas cuantas cuadras, es decir, unos cuantos kilómetros.
Cuando llegó el día, las cosas se fueron aclarando y oscureciendo, todo al mismo tiempo: resolví no irme sola hasta Maracay, sino con una amiga que sí se ha “echado” sus buenos viajes por las ciudades venezolanas, también conseguí dónde quedarme. Pero, cuando estaba esperando el transporte vía Maracay, un amigo me llamó para decirme que no habían más entradas para el juego. No sabía qué hacer, me negaba a perderme ese encuentro. Hice algunas llamadas y de igual manera nos fuimos a Maracay. Allá nos encontraríamos en el estadio con otros amigos que también viajaban desde Valencia.
Después de pasar el Túnel de La Cabrera, una amiga de Maracay me llamó para decirme que me buscaría con su carro en la Av. Ayacucho, entonces yo no tendría que caminar hasta el estadio. También me ofreció quedarme en su casa, lo cual era más cómodo porque ella estaría en el juego conmigo.
Nos fuimos las tres al estadio, sin saber si conseguiríamos entradas (todavía). A una cuadra del sitio, me llamaron para decirme que tenían tres entradas para mí y para mis amigas. Todo iba saliendo bien. Estacionamos el carro, pudimos ver a David Concepción y Endy Chávez.
Por obra y gracia del Espíritu Santo, las sillas de mis otros amigos de Valencia y las nuestras, quedaron exactamente una al lado de la otra. Todos éramos tigreros (menos una, que terminó disfrutando el juego más que con su equipo original).
Pese a la gran aventura, las cosas no fueron tan perfectas. No ganamos el juego, nuestra temporada llegó hasta ese día.
Lo que pasa en Las Vegas, lo sabe todo el mundo. Lo que pasa en el estadio José Pérez Colmenarez, es historia.
Nos veremos el próximo octubre. Mientras, me seguire arriesgando, ahora con 21. #MuyMalaMia
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